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17 de julio de 2012

De la tolerancia intolerante


Creci en un tiempo en el que las cosas eran muy distintas.
En casi todos los aspectos.

Digo en casi todos porque hay cosillas que siempre han sido y serán…la corrupción de los políticos, la magia de la música, la inefable belleza femenina…..
La intolerancia…

Hoy por hoy la percepción social de las cosas ha cambiado, en muchos aspectos; crecí en una época en la que, para citar dos casos nada mas, existía una fobia generalizada hacia el homosexualismo, y una aversión instintiva a quienes no fueran parte de la Iglesia Católica Apostólica Romana.
Era algo que no se pensaba, tan solo estaba ahí. Quien practicara, colindara, aprobara, justificara o no censurara  alguna de tales conductas estaba prácticamente condenado al ostracismo. Los niños de entonces debíamos ser sometidos a lo largo de los años al constante bombardeo de información de tipo: Usted tiene que ser berraco como su…. Y toda la gama de adoctrinamientos de ese tipo, así como soportar la interminable preparación para una infinita gama de obligaciones sacramentales con el fin de salvar nuestras almas.

Existe ahora una absoluta libertad. Cada quien es libre de practicar con su cuerpo y con su espíritu la tendencia o disciplina que a bien tenga, e incluso se han creado o perfeccionado leyes para garantizar el derecho de la ciudadanía a hacerlo. Todo el tiempo se ve en los medios a líderes de grupos y comunidades que promulgan sus afirmaciones en el sentido de que lo alcanzado no es suficiente y se requiere ampliar mas las libertades de la comunidad LGTBI, las iglesias cristianas se multiplican con la generosidad de las bodas de Caná. La inmensa mayoría de la comunidad apoya tales iniciativas, los jóvenes practican el homo o bisexualismo desde los 12 o 13 años en muchos casos para probar a ver qué les gusta, en otros por moda, porque hacerlo es algo “in”.
En lo personal, si se me permite, tan solo diré que no estoy de acuerdo ni en contra, pienso que cada quien es libre de hacer lo que le guste, siempre y cuando no cause daño a nadie.

Sin embargo, hay un detallito maluco dentro de todo el concepto, hay una manchita en medio del límpido lienzo de la intención generalizada de acabar con la intolerancia… ahora, los perseguidos son los otros…los que no están de acuerdo con esas tendencias.

He escuchado muchas veces, a conocidos, a gente en la calle, incluso en los medios de comunicación a personas despotricando con avidez acerca de alguien que cometió la felonía de expresar su desagrado o inconformidad con las prácticas homosexuales; los periodistas se avalanchan como buitres sobre algún personaje que haya compartido la felonía. Quienes practican alguno de los diferentes cultos cristianos se expresan con repulsión, con rencor, con una absoluta falta de respeto por los cada vez menos católicos, practicantes o no. En estos tiempos es una aberración, un despropósito, algo digno de vergüenza emitir cualquier tipo de desaprobación, por leve que sea acerca de estas prácticas, le tiene que gustar o le tiene que gustar, de lo contrario, usted es un bicho raro, alguien digno de desconfianza y desaprobación.
Y entonces… la libertad no es para todos?? Es patrimonio exclusivo de quienes forman parte de una comunidad antes minoritaria y excluida??
Me parece que todo el concepto no solo no tiene sentido, sino que es una absoluta contradicción en si mismo

Hay quienes se jactan, en público o en privado de su mentalidad liberal, de no ser aprehensivos, de no ser intolerantes, se levanta un poco la cabeza y se saca pecho para decir “a mí me gustan los homosexuales, tengo muchísimos amigos y amigas que lo son” pero, desgraciadamente, pocos se dan cuenta que han ayudado a formar una nueva forma de intolerancia. Me refiero a que seguramente en unos cuantos años habrá millones de hombres y mujeres que, de pensar en ello, a la fija, dirían:

“Crecí en un tiempo en que existía una fobia generalizada hacia las personas heterosexuales que no gustaban de los prácticas sexuales de la comunidad LGTBI y una aversión instintiva a quienes no fueran parte de alguna iglesia cristiana. Era algo que no se pensaba, tan solo estaba ahí. Quien practicara, colindara, aprobara, justificara o no censurara  alguna de tales conductas estaba prácticamente condenado al ostracismo……”

Y esto para citar tan solo dos casos…


Suerte a todos.

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